COLUMNA DE OPINIÓN
El retorno al Parlamento bicameral
en el Perú trajo consigo la promesa de una política más madura, reflexiva y,
sobre todo, transparente. Sin embargo, las viejas mañas de la política
provinciana parecen resistirse a la jubilación. El reciente escándalo mediático
en torno al diputado por Ica y actual tercer vicepresidente de la Cámara de
Diputados, José Ricardo Yataco Torrealva, es un síntoma de que el
escrutinio ciudadano debe ser hoy más implacable que nunca.
Las alarmas se encendieron
justificadamente cuando el nombre de Miriam Adela Anchahua Ayllón,
esposa del legislador, apareció en la lista preliminar de postulantes aptos
para el concurso de contrato docente 2026-I en la Universidad Nacional San
Luis Gonzaga (UNICA). La sospecha de un "traje a la medida"
corrió como pólvora en las redes sociales. No era para menos: Yataco no solo es
un alto directivo de la Mesa Directiva del Congreso, sino también un conocido
exdocente e ingeniero egresado de esa misma casa de estudios. El escenario para
el tráfico de influencias estaba perfectamente montado.
Lo irónico del asunto roza el
cinismo político. Yataco alcanzó su curul bajo las banderas del Partido
Cívico OBRAS, una organización que articuló todo su discurso de campaña
alrededor de la bandera de la anticorrupción, la meritocracia y el fin de los
"tarjetazos" en el sector público. Resulta decepcionante ver cómo,
apenas asentados en el poder, el entorno de las nuevas autoridades parece
olvidar las promesas de campaña para priorizar la inserción de la parentela en el
aparato estatal.
El muro de la meritocracia: Cuando
las bases salvan la institucionalidad
Por fortuna para la UNICA, los
resultados oficiales del concurso publicados el 28 de agosto demostraron que la
presión pública y los filtros institucionales funcionaron. Miriam Anchahua
Ayllón quedó fuera de carrera con la condición de "DESAPROBADO",
obteniendo un puntaje de 67.00 frente a los sólidos 74.00 puntos de su
competidor directo en la cátedra de Prótesis Dental Fija.
El desglose de las calificaciones es
revelador: la esposa del parlamentario perdió la plaza en la cancha de los
méritos académicos. Su competidor le sacó una ventaja insalvable de siete
puntos enteros en la evaluación curricular (hoja de vida). Aunque Anchahua
intentó maquillar la diferencia ganando por un punto la entrevista personal
(8.00 frente a 7.00), el peso del currículum se impuso. La meritocracia, esta
vez, sirvió de escudo.
Una advertencia para el poder
Que el beneficio familiar no se haya
consumado en esta ocasión no exime de culpa ni limpia el panorama ético. El
intento de postular sabiendo el peso político que ejerce un cónyuge desde la
vicepresidencia del Congreso constituye, como mínimo, una profunda imprudencia
y una falta de tacto frente a una ciudadanía harta del nepotismo.
La Ley N° 26771 (Ley de Nepotismo)
existe para evitar que el poder político contamine los procesos de selección
del Estado. Aunque el resultado final en la UNICA haya sido transparente, este
episodio deja una lección clara para los frentes estudiantiles, gremios de
docentes y la ciudadanía iqueña: la fiscalización no puede bajar la guardia.
Los discursos de campaña de partidos como OBRAS se desmoronan rápido frente a
la tentación del poder; solo la vigilancia pública constante garantizará que
las aulas universitarias sigan perteneciendo a los mejores profesionales y no a
los familiares de la duma parlamentaria.
