NASCA
El debate entre la explotación de
recursos económicos y la conservación del patrimonio cultural ha vuelto a poner
a la provincia de Nasca en el ojo de la tormenta. Ciudadanos, colectivos
culturales y arqueólogos han manifestado su profunda indignación ante el avance
de actividades mineras en zonas que albergan invaluables vestigios de la
civilización Nasca, exigiendo respuestas claras a las autoridades sobre los
criterios técnicos que regulan estos permisos.
A continuación, analizamos los tres
frentes clave que explican cómo se originó esta crisis, quiénes otorgan las
autorizaciones y qué medidas se están tomando para frenar el impacto en las
pampas del sur peruano.
1. El laberinto de los permisos:
¿Quién autoriza la actividad minera?
Una de las principales confusiones
radica en cómo el Estado Peruano gestiona su subsuelo. El Instituto Geológico,
Minero y Metalúrgico (INGEMMET) es la entidad encargada de otorgar las
concesiones mineras a nivel nacional. Sin embargo, el marco legal estipula que un
título de concesión no otorga el derecho de iniciar explotación ni exploración.
[1]
Para que cualquier proyecto —sea
gran minería o minería artesanal— mueva una sola piedra, requiere de manera
obligatoria el Certificado de Inexistencia de Restos Arqueológicos (CIRA),
emitido exclusivamente por el Ministerio de Cultura. Técnicamente, ninguna
empresa legal puede operar si las evaluaciones arqueológicas previas demuestran
la presencia de patrimonio. Cuando se detecta actividad minera sobre vestigios,
o bien se trata de operaciones que falsearon información, o corresponde
netamente al espectro de la ilegalidad.
2. El polémico "recorte"
del área protegida que encendió las alarmas
La desconfianza ciudadana hacia las
instituciones estatales alcanzó su punto álgido tras una polémica decisión
administrativa del propio Ministerio de Cultura. En mayo de 2025, el sector
emitió una resolución que reducía de golpe el polígono de protección de la
Reserva Arqueológica de las Líneas y Geoglifos de Nasca, dejando desprotegidos
más de 2,000 kilómetros cuadrados de territorio.
La medida liberaba terrenos
precisamente donde existían decenas de petitorios mineros e inscripciones de
mineros informales en el REINFO (Registro Integral de Formalización Minera).
Ante la inmediata presión de gremios turísticos de Ica, arqueólogos internacionales
y las protestas de la población civil, el Ministerio se vio obligado a
retroceder pocos días después, emitiendo la Resolución Viceministerial Nº
000134-2025-VMPCIC/MC que restituyó la intangibilidad de los 5,633 kilómetros
cuadrados originales. No obstante, el hecho dejó en evidencia la vulnerabilidad
política del patrimonio frente a presiones extractivas.
3. La verdadera frontera del
desastre: La minería ilegal e informal
A pesar de que el marco legal
prohíbe formalmente la minería en zonas arqueológicas delimitadas, el peligro
más destructivo y real en Nasca no proviene de las autorizaciones del Gobierno,
sino de las redes de minería ilegal.
Aprovechando la vasta extensión de
las pampas y la falta de hitos físicos, mineros ilegales instalan campamentos,
abren socavones y montan plantas artesanales de procesamiento de oro
(quimbaletes) en zonas de amortiguamiento. Al operar completamente al margen de
la ley, estas mafias destruyen caminos antiguos, cementerios preincas y
geoglifos menores que no están plenamente registrados en los catastros
públicos.
¿Quién fiscaliza?
La responsabilidad de frenar este
atentado recae en una mesa multisectorial integrada por la Dirección
Desconcentrada de Cultura (DDC) de Ica, la Fiscalía Especializada en Materia
Ambiental (FEMA) y la Policía Nacional. Periódicamente se ejecutan operativos
de interdicción para dinamitar maquinaria pesada y desalojar campamentos, pero
la inmensidad del desierto y los altos ingresos del oro informal hacen que los
infractores regresen al poco tiempo.
La ciudadanía y las organizaciones
defensoras de Nasca mantienen una postura firme: el patrimonio cultural de la
humanidad no es negociable y el Estado debe garantizar que los intereses
económicos de corto plazo no terminen borrando las huellas de la historia
peruana.

